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Beethoven: cómo se quedó sordo (y aun así pudo crear algunas de las mejores obras de la historia de la música)

«Beethoven fue clave en el establecimiento de esa actitud hacia la música, de elevarla a una forma de arte«.

Pintarlo como un maestro que se dedicó a su arte por encima de todo, con la capacidad de crear piezas que van más allá de nuestra imaginación, lo hace parecer alguien fuera de este mundo.

Lo cierto es que el compositor sufría de muchas afecciones a la salud, por las que estuvo sometido a algunos horripilantes y hasta ridículos tratamientos médicos de la época que, en ciertos casos, exacerbaron sus malestares. 

Una serie de expertos modernos llevó a cabo investigaciones forenses históricas para tratar de determinar qué enfermedades padecía, cuál era la correlación de estas con su sordera y cómo influyeron en su personalidad y creación musical.

Según el doctor, el compositor sufrió una «enfermedad inflamatoria intestinal, síndrome del intestino irritable, diarrea violenta, enfermedad de Whipple, depresión crónica, envenenamiento de mercurio e hipocondriasis». 

Un día después de la muerte de Beethoven, el 27 de marzo de 1827, el destacado médico Johannes Wagner realizó una autopsia al cadáver y le encontró el abdomen inflamado y el hígado curtido y de casi un cuarto del tamaño normal; indicaciones todas de cirrosis por consumo de alcohol.

El alcoholismo era un mal de familia: lo había sufrido su abuela y su padre era un reconocido borracho. 

Beethoven tomaba vino con regularidad y en ocasiones sociales, aunque en aquella época era un común sustituto del agua impura, según la profesora Tunbridge.

No obstante, «sus médicos le recomendaron que redujera la cantidad, algo curioso porque el daño asociado con el alto consumo de alcohol no se conocía mucho en ese entonces», añadió la experta.

William Meredith, investigador del Centro de Estudios de Beethoven de la Universidad de San José, California, estableció una conexión entre el consumo de vino y un posible envenenamiento por plomo, basándose en una muestra de cabello del compositor que se analizó químicamente e indicó la presencia de ese metal.

Se sabe que los comerciantes de esa época metían el mosto —zumo de la uva— en barriles interiormente forrados de plomo para su fermentación. Aquello proveía a la bebida una textura almibarada y un sabor azucarado que la gente consumía con gusto, sin conocer su toxicidad por el contacto con el metal pesado.

El envenenamiento de plomo puede producir daño neurológico, aunque no hay manera de probar que Beethoven lo sufriera.

¿Cómo perdió la audición?

Lo que sí es definitivo es que su aparato auditivo quedó profundamente afectado, según lo observó en la autopsia el doctor Wagner. 

El investigador Meredith le dijo a la BBC que la sordera pudo tener relación con sus males abdominales, ya que ambos se presentaron más o menos al mismo tiempo. 

«Además, Beethoven se quejaba constantemente de fiebres y jaquecas, que padeció por el resto de su vida».

Otra teoría es la del doctor Philip Mackowiak, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Maryland, quien apunta a a la sífilis congénita como posible afección.

Como enfermedad «importada» del continente americano, la sífilis arrasó en Europa, causando graves problemas en una población indefensa. En esa época estaba desbocada.

En el caso de Beethoven, según Mackowiak, la enfermedad se manifestó como afecciones gastrointestinales y en el tipo de sordera que tuvo.

Pero el neurocirujano Henry March cree que no hay pruebas contundentes de ello, al no existir un diagnóstico moderno de su salud. Según él, todo lo que se puede hacer es especular.

Sea como fuere, lo que se ha podido establecer es que los problemas de audición le empezaron entre 1797 y 1798.

Y fue posible gracias a una carta que se encontró después de su muerte y que se conoce como el «Testamento de Heiligenstadt».

Es un documento dirigido a sus dos hermanos, que Beethoven escribió en 1802 en la localidad de Heiligenstadt, donde había ido para recuperar la salud. 

En él expuso toda su alma y sus pensamientos más profundos, abordando cómo lo asediaba la sordera y cómo eso explicaba su comportamiento errático.

«… hace casi seis años he sido golpeado por un mal pernicioso que médicos incapaces han agravado» escribió, detallando como se ha visto obligado a aislarse, a «vivir lejos del mundo, en solitario».

«Debo vivir como un proscrito. Si me acerco a la gente, me atenaza en seguidauna angustia terrible: la de exponerme a que adviertan mi estado«.

«¡Ah! cómo confesar la debilidad de un sentido que en mí debería existir en un estado de mayor perfección, en un nivel de perfección tal que muy pocos músicos la hayan conocido», declaró angustiado.

El doctor Mackowiak le describió a la BBC la condición como «una sordera rara, en términos de hoy en día, pues empezó lentamente y progresó a lo largo de unos 25 a 30 años».

Al comienzo fue perdiendo la capacidad de oír ciertas frecuencias, y con el tiempo se sumaron más y más.

«Es muy difícil saberlo», explica la profesora Tunbridge. «Hay reportes que lo describen sordo y hablando alto, pero no se sabe exactamente cuál era la situación».

Para 1818 ya le costaba entender lo que la gente decía, por lo que le pedía escribir sus preguntas y comentarios.

Aunque algunas anécdotas registradas al final de su vida apuntan a que aún podía captar ciertos sonidos, aunque fuera de forma tenue, como cuando se sorprendió por haber escuchado un grito agudo.

A pesar del trauma de su sordera, combinado con la frustración de no haber podido casarse, siguió componiendo y creando las que fueron quizá sus piezasmás expresivas, conmovedoras y experimentales.

«Lo interesante del Testamento de Heligenstadt es que nunca envió la carta a sus hermanos», dijo la profesora.

«(En ella) decide que la vida sigue teniendo valor y que continuará componiendo y que su música lo salvará».

El instrumento de Beethoven por excelencia era el piano, así que siguió componiendo con él, con ayuda de varios dispositivos añadidos para amplificar el sonido.

Gracias a unas reproducciones de estos dispositivos hechas por Tom Beghin, pianista e investigador del Instituto Orpheus, de Bélgica, sabemos que acentuaban las vibraciones de los instrumentos para que Beethoven pudiera sentirlos cuando los tocaba y tener una experiencia física de su música. 

Pero eso no era lo esencial.

«Hay que tener en cuenta que los músicos dependen mucho de su imaginación, que puden escuchar los sonidos en su cabeza, y Beethoven creaba música desde la niñez», explicó Tunbridge.

«Así que tal vez no podía escuchar el mundo exterior, pero no hay motivos para pensar que la habilidad de escuchar la música en su mente se hubiese deteriorado, ni que hubiese disminuido su creatividad musical».

Fuente: BBC Mundo

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