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Repartidores de comida de NYC se organizan y reclaman no ser tratados como invisibles de la pandemia

Los taxis amarillos han sido por años un símbolo del paisaje visual de Nueva York. El Empire State, el Toro de Wall Street, Central Park, Times Square y el famoso Subway, saltan a la vista en la Ciudad que hasta hace unos meses no dormía. Repartidores corriendo a diario en sus biciletas y sus motos eléctricas; algunos en patinetas y scooters, llevando pedidos de comida por los cinco condados de la ciudad, también son notorios en el paisaje urbano de Nueva York.

Es difícil no verlos andando por todos lados, a veces más que vehículos de servicio público, con sus cascos y bolsas de alimentos, con los logos de reconocidas aplicaciones o los nombres de restaurantes. Pero muchos se sienten invisibles.

Sienten que no están recibiendo el trato justo de trabajadores esenciales que se merecen, con una labor que aumentó tras el acecho de la pandemia del COVID-19. Temen que con el cierre del servicio interior en restaurantes, que entró en vigor el pasado 14 de diciembre, en vez de que les brille más la “gallinita de los huevos de oro” que pudiera significar el aumento de pedidos de comida para llevar, esto se convierta en el aumento de prácticas abusivas y de explotación.

Esa es la queja que lanza Fernán Hernández, un repartidor colombiano, de 37 años, quien no solamente asegura que aplicaciones como Uber Eats, con las que trabaja, a veces muestran un valor de una propina ofrecida y luego al final, cuando hace las cuentas finales, se ve reflejado otro monto mucho menor.

“Nos están robando las propinas. Es evidente, pero uno no reclama por el miedo de que nos veten las cuentas y de que tal vez no nos manden muchas órdenes”, dice el repartidor, mencionando que no hay nada más ofensivo que escuchar a los líderes neoyorquinos, dándoles las “gracias” por estar en primera línea de lucha, alimentando a los neoyorquinos y no hacer nada por ese gremio de manera particular.

“Siempre nos llaman héroes, nos dicen que merecemos todos los aplausos y elogios por poner en riesgo nuestras vidas, no solamente por estar expuestos al contagio del Covid sino por todo lo riesgoso que significa ser delivery, y no tenemos ningún incentivo real por parte del gobernador ni el alcalde, ni tampoco vemos que haya interés de ellos por promover leyes que nos cambien la vida y nos hagan sentir de verdad como esenciales”, dijo el trabajador de Queens, exigiendo acciones legislativas urgentes. “Nosotros asumimos todos los riesgos. Es como David contra Golliat. Si algo nos pasa, nadie responde, nosotros ponemos los vehículos, si nos roban ellos no responden, nosotros chupamos frío, lluvia, nieve y golpes, y las apps, tranquilitas, facturando, sin poner nada. Solo se enriquecen. Somos solo un número, somos invisibles”.

Jonán Huerta, mexicano de 33 años, quien desde el 2016 se gana la vida como repartidor en Manhattan, coincidió con su compañero de labores, y destacó que además es pan de cada día para ellos ser maltratados incluso con situaciones básicas como resguardarse del frío o de la lluvia, y el uso de los baños de los restaurantes a los que acuden a recoger los pedidos.

Nos están tratando mal. Lo más grande que necesitamos ahora es apoyo económico, porque muchos lo necesitan y no reciben nada, pero también necesitamos que nos ayuden a platicar con las aplicaciones para que que se regularice el negocio y que nos traten con verdadero valor”, dijo el “delivery”, quien trabaja cada díá entre las 7:00 de la mañana y las 11:00 de la noche. “Pero uno a veces se siente tan mal con cosas inhumanas, como muchachos que se meten al frente de los restaurantes a esperar las órdenes y les dices que no pueden estar parados ahí. Otras veces tenemos que esperar afuera de los restaurantes hasta 45 minutos con frío intenso y no nos prestan el baño”.

Pero han sido precisamente los abusos y “las bofetadas” con las que se enfrentan los repartidores, lo que ha hecho que crezca en ellos el deseo de unirse como gremio para reclamar por sus derechos. Con el apoyo del Proyecto de Justicia Laboral, están organizándose para levantar su voz y pedir que los traten como verdaderos trabajadores esenciales y los cobijen con protecciones laborales.

“Es muy importante que sepan que nos estamos uniendo para pelear juntos como repartidores de Nueva York. Sentimos que no nos están tomando en serio, porque dicen gracias de dientes para afuera. Cuando voy a los hospitales dicen: ‘aquí trabajan verdaderos héroes’. Y nosotros qué, también lo somos. Nosotros hemos mantenido esta economía arriba y hemos logrado que la gente coma. Por eso ahora ya no queremos gracias sino leyes que nos respeten”, agregó el joven.

El líder de los repartidores destacó que en octubre pasado hubo una marcha multitudinaria de más de 1,000 repartidores en Manhattan que se tomaron las calles para mostrar que “no son invisibles”, y aunque confiesa que han pensado en irse a un llamado a huelga general, no quieren llegar a eso para que les den el apoyo que claman.

“Si hiciéramos eso, la verdad que se darían cuenta en un solo día de lo importantes que somos, pero no nos sentimos bien sabiendo que vamos a dejar a gente buena son comer, solo queremos acciones inmediatas”, agrega el trabajador.

Ligia Guallpa, directora de la organización Proyecto de Justicia Laboral, hizo un llamado a que más “deliveristas”, como se hacen llamar, se sumen al plan de lucha y mencionó que ya tienen una agenda de peticiones concretas, y que incluso ya tienen el apoyo de legisladores como los concejales Carlos Menchaca, Carlina Rivera y Daniel Dromm para impulsar leyes municipales.

“Desde mediados de la pandemia, hemos estado al frente como unos de los centro de trabajadores proveyendo servicios de respuesta de emergencia y a la misma vez organizando a los repartidores de comida, trabajadoras de limpieza y jornaleros. Los repartidores de comida son la fuerza laboral que ha sostenido la industria de los restaurantes y ha dado de comer a todos los Neoyorquinos, sin ninguna protección”, aseguró la activista.

“Después de 8 meses sin alivio económico y trabajando bajo condiciones inhumanas, los repartidores se levanta para exigir derechos esenciales como: el Derecho a usar el baño de los restaurantes,tener un salario digno, aparte de las propinas, el derecho a un lugar público que les permita protegerse del clima extremo, protecciones esenciales contra el robo a la bicicletas, robo de las propinas y represalias de las aplicaciones”, agregó la organizadora laboral del proyecto “Deliveristas Unidos”.

Otras de las exigencias que los repartidores hacen son el derechos a recibir equipo de Protección Personal y entrenamiento de Salud y Seguridad, derecho a recibir una compensación por accidentes y por días de enfermedad (que no las tienen incluso con casos de muerte que han ocurrido este año), derecho a organizarse y sindicalizarse.

Glendy Tsitouras, organizadora del grupo de repartidores, destacó que los abusos a los “deliveristas” no son nuevos, pero dijo que la pandemia los puso de manifiesto.

“Solo están pidiendo lo justo para el trabajo que hacen. Ellos han estado al frente de todo desde el primer día, y la mayoría con las apps no tienen ni siquiera un salario, no los dejan usar el baño. Son muchos los abusos que enfrentan y lo menos que pueden hacer la Ciudad y el Estado es reconocer el valor que tienen no con palabras sino con protecciones”, agregó la activista.

Murad Awawdeh, codirector ejecutivo interino de la Coalición de Inmigración de Nueva York, aseguró que los inmigrantes sin documentos llevan la peor parte en la industria de los repartidores, y consideró muy injusto que se dejen relegados, cuando han estado poniéndole el pecho a la pandemia.

“Al entrar en el décimo mes de la pandemia y un segundo pico del COVID-19, los trabajadores de reparto continúan alimentando a los neoyorquinos. Pero la gran mayoría de los trabajadores de reparto se han quedado al margen sin ningún alivio, simplemente por su estatus migratorio”, comentó el activista. “Ya fue suficiente. Nueva York debe crear un fondo de trabajadores excluidos para que podamos brindar alivio económico a todos los neoyorquinos afectados por esta pandemia. Esto es bueno para las familias de Nueva York, nuestra economía y nuestra salud pública colectiva”.

El presidente del Concejo Municipal, Corey Johnson, se sumó al clamor de los trabajadores y pidió que se honre su esfuerzo y sacrificio en medio de la pandemia.

“Los trabajadores de reparto arriesgan sus vidas todos los días cuando traen comida a nuestras puertas, y es fundamental que los apoyemos y protejamos. Son trabajadores esenciales y juegan un papel vital para mantener esta ciudad en movimiento mientras luchamos contra el COVID-19″, dijo el político.

Consultados sobre las quejas y las exigencias de los repartidores, la Oficina del Gobernador Cuomo no se refirió de manera directa a ellas, y a través del Departamento de Trabajo estatal (DOL), emitieron un comentario, donde aseguraron estar comprometidos con que no se permita que haya prácticas de explotación a trabajadores.

“El Departamento de Trabajo del Estado de Nueva York trabaja todos los días para proteger a los neoyorquinos en el trabajo y esa misión nunca ha sido más importante que durante esta emergencia de salud pública”, dijo Deanna Cohen, vocera del Departamento de Trabajo. “Continuamos trabajando para asegurarnos de que los empleadores mantengan a los trabajadores seguros y sigan las regulaciones apropiadas, junto con el Departamento de Salud y los socios locales”.

El DOL destacó que el gobernador también ha pedido protecciones adicionales para los trabajadores del mercado digital en el estado de Nueva York como parte de su agenda del estado del estado de 2020, y aunque la crisis de COVID revirtió ese impulso la primavera pasada, Cuomo sigue comprometido con esas reformas.

Asimismo, esa agencia mencionó que durante la pandemia, los trabajadores de Nueva York han “podido recibir el seguro de desempleo estatal tradicional o la Asistencia por desempleo pandémico (PUA)”, beneficios para los que no califican la mayoría de repartidores, quienes son indocumentados, respuesta que según repartidores como Julio Monsalve, prueban que para el Estado son invisibles.

“El gobernador siempre habla del seguro de desmepleo, pero es obvio que ellos saben que nosotros no recibimos un solo dólar. Esas respuestas son doblemente ofensivas y ratifican que no existimos, solo hablan de los que tienen papeles, pero muchos de los que les estamos llevando de comer no tenemos papeles y por eso estamos alzando nuestras voces“, concluyó el joven.

Fuente: El Diario

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